Morir para vivir

“el grano…a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas.” (NTV – Juan 12, 24)

Te han hecho la siguiente pregunta ¿por qué cómo cristiano, vives como vives?

Una vez que Jesús vino a mi vida, he tenido que reflexionar en varias ocasiones sobre esta pregunta ¡especialmente, cuando las cosas no ha ido tan bien!,  con el fin de dar una respuesta que sea razonable y coherente que refleje mi estilo de vida y pueda ser creíble a las personas que me rodean. No intento ganarlos para Jesús, es algo que solo el Espíritu Santo puede hacer, pero, al menos intento que mi vida refleje el amor de Dios actuando en mi vida, de tal forma que ellos se armen de valor y resuelvan descubrir el amor de Dios que está reservado para ellos.

Cuando te rindes a Jesús, incondicionalmente, y esto sucede solo cuando comprendes quien eras, y lo que Jesús hizo por ti, y en consecuencia respondes a ello apropiadamente, surge ineludiblemente la siguiente pregunta: ¿Cuál es la mejor manera de demostrar mi agradecimiento al Señor? La respuesta siempre será una vida de servicio. Es entonces que surgen los cuestionamientos y se desatan comentarios como estos “oye, esta bien que seas cristiano, pero para que te vas a complicar la vida, incomodándote”. Y es que un verdadero cristiano, siempre, estará involucrado ardientemente en los intereses de Jesús, su Señor y Salvador, en ese orden. Por cierto, a esta clase de personas se les llaman discípulos de Jesús.

Cuando finalmente, tuve la oportunidad de servir como un testigo en medio de personas carentes del evangelio, mi mejor amigo en ese momento, se enojó conmigo y perdimos, de su parte, nuestra amistad. Su trato no fue muy adecuado y mencionó una de las frases tan comunes que suelen decir cuando queremos hacer algo más para el Señor: “aquí hay mucha necesidad, no es necesario que te vayas tan lejos y arriesgues tu futuro y tu vida”. Claro, yo era un joven banquero que estaba teniendo éxito en los negocios. A mis 25 años todo pintaba un futuro muy prometedor. ¿Por qué estaría dispuesto a renunciar a una “buena vida”? No solo recibí la desaprobación de parte de mi amigo, también fui cuestionado por otros cristianos, mi jefe en el trabajo, personas no cristianas y hasta mi propia familia. Desde entonces, estos cuestionamientos se ha repetido hasta el día de hoy.

Todos en la vida estamos “invirtiendo o mal gastando” nuestras vidas en algo. Sin embargo, al final de la carrera, el que invirtió sabiamente, como dice las Escrituras, habrá acumulado riquezas en los cielos. Es comprensible que personas no cristianas te cuestionen tu vida como un seguidor de Jesús, pero se vuelve algo difícil de digerir cuando son tus mismos hermanos en la fe que te cuestionan tu vida cristiana. Ciertamente, cristianos y no cristianos por igual, cuestionarán tu estilo de vida cuando estas dispuesto a vivir en “riesgo constante” por la causa de Jesús. Quiero aclarar que ese riesgo, no solo describe una vida expuesta al peligro físico, me refiero a que todos los que hemos decidido amar y seguir a Jesús incondicionalmente, tendremos en este mundo “persecución” garantizada donde quiera que estemos dispuestos a servir por Su causa.

Jesús lo puso en estos términos: “Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas. Los que aman su vida en este mundo la perderán. Los que no le dan importancia a su vida en este mundo la conservarán por toda la eternidad.” (NTV – Juan 12,23-25)

Ciertamente, es una vida que no podemos vivir por nuestros propios medios. En esto radica la grandeza del evangelio y se distingue de las demás religiones. Mientras que todos los sistemas de creencias nos dictan una serie de reglas para vivir y eventualmente alcanzar a Dios, el evangelio de Cristo Jesús son !Buenas Noticias¡ que nos anuncian a un Dios que viene al encuentro de todas las personas y nos dice que todo esta hecho por nosotros, ¡No es sorprendente!

Pablo lo interpreta de esta forma: “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.” (NTV – Gálatas 2,20)

Jesús lo explica en estos términos: “Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí. Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.” (NTV – Juan 15,4-5)

Cuando vivimos en, por y para Jesús “Pues todas las cosas provienen de él y existen por su poder y son para su gloria.” (NTV – Romanos 11,36), nuestro corazón late en común unión con el de Jesús. Es normal, entonces que, tal y como Él murió por nosotros, nosotros muramos a nosotros mismos, es decir, sepultemos nuestros intereses egoístas (familia, amigos, profesión, y hasta nuestra propia vida), y nos abandonemos a Él y estemos dispuestos a vivir para Su causa. Esta causa, siempre estará unida a vivir, compartir y hasta morir por otros, sin reservas, sabiendo que, en muchas ocasiones no seremos invitados o bien recibidos. Al final, se trata solo de Dios y no de nosotros o los demás.

Finalmente, hay una tarea abrumadora por delante que debemos resolver todavía. Hay lugares, en los cuales, viven personas donde el evangelio, estas Buenas Noticias, no han sido compartidas,. A estos grupos de personas les llamamos “pueblos no alcanzados”, y hasta podríamos llamarlos “abandonados”, porque no se conocen de su existencia, y en algunos casos, cuando son conocidos, no existe ningún esfuerzo real por ir y vivir con ellos hasta que puedan considerar las Buenas Noticias de Cristo Jesús como una opción viable para sus vidas.

Dentro de este grupo de personas que no han escuchado el evangelio, una quinta parte de la población profesa ser musulmana. Este segmento de la población carece, en su mayoría, de una Biblia en su idioma, no hay testigos de Jesús entre ellos, no hay comunidades de fe, y simplemente, no saben como acudir a Jesús. Son zonas, difíciles de alcanzar por su situación política, económica o social. Eventualmente, puede significar “sangre, sudor y lágrimas”, antes de que el amor de Jesús pueda ser evidente en ellos. Es por esta razón que solo los que mueren para vivir, en los términos que Jesús lo ha descrito, podrán ser testigos eficaces para comunicar Su mensaje.

Te hago la pregunta a ti ahora, ¿por qué vives cómo cristiano?, o en términos del evangelio, ¿eres un discípulo de Jesús? ¿Cuáles son tus verdaderas motivaciones para seguir a Jesús? ¿Es Jesús, realmente, el Señor de tu vida? No te apresures a responder a esta última pregunta, su respuesta tiene serias implicaciones para esta vida y por la eternidad.

Medita en las siguientes declaraciones:

En el contexto de un joven rico que tenía muchas riquezas, y rechazando el ofrecimiento que le hace Jesús a renunciar a todo lo que poseía para seguir con él (en este caso la riqueza del joven era un verdadero impedimento para ser completamente obediente a Dios), Jesús le respondió a Pedro: “todo el que haya dejado casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o bienes por mi causa recibirá cien veces más a cambio y heredará la vida eterna.” (NTV – Mateo 19,29).

Luego Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz y seguirme. Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás.” (NTV – Mateo 16, 24-25).

  • Que Jesús llegue a ser la pasión de tu vida.
  • Que al vivir para Jesús encuentres propósito en tu vida.
  • Que tu vida llegue a producir mucho fruto para Su gloria.
  • Que llegues a ser pan partido para un mundo hambriento.
  • Que el amor y la obediencia a Jesús, sea tu recompensa aquí hoy y ahora, y en la eternidad.

Escrito por: Hermano David, noviembre 10, 2017.

¿Cómo sé si Dios me está llamando a ir?

En Fronteras, uno de las cosas que hacemos más frecuentemente, es acompañar por un periodo de tiempo a hombre y mujeres, discípulos del Señor, cuando perciben que el Señor los está llamando a dar un paso trascendental en su vida cristiana.

Él llama a todos se da de diferentes maneras. Con algunas excepciones, oímos de alguien que escuchó un voz que claramente lo invitaba a hacer algo. Sin embargo, más comúnmente esa invitación se da en una o varias de estas formas:

• Él arregla circunstancias “coincidentes”

• Nace un amor en nosotros por ciertas personas

• Continúa preocupándonos con la injusticia de un grupo humano que no tiene creyentes entre ellos

• Hace arreglos para que conozcamos a otros que tienen una pasión similar y realmente podemos imaginarnos trabajando juntos

• Él nos muestra un lugar particular donde nuestra capacitación, experiencias y profesión encajarían muy bien

Para nosotros fue una conciencia creciente de los millones que nunca tuvieron la oportunidad de escuchar el evangelio y se les ha negado un claro conocimiento del Dios de lo Biblia, lo cual, nos impulsó a hacer algo. A medida que lo obedecíamos, mientras le servimos en diversas cosas durante varios años, gradualmente se hizo evidente que se trataba de un llamamiento a los musulmanes en el Medio Oriente.

En un llamado, el lugar o las circunstancias que lo rodean, es secundario, lo que importa, definitivamente, es nuestra disposición a obedecerle sin condiciones.

En cuanto a ir, busca la sabiduría de tus familiares, líderes, amigos y mentores, así como también de aquellos que te han precedido. ¡Si aún no tienes a un mentor busca a uno! No te apresures busca al Señor. Prepárate bien para que estés listo cuando sea el momento. Considera invertir tu vida a largo plazo, al menos dedícale cinco años.

Muchos grupos humanos no conocerán el amor de Jesús hasta que te conozcan a ti.

¡Sé el primero!